La combinación de la herencia irlandesa y mexicana es mortal en muchos sentidos. Debido a la sangre que corría por las

Katia baila para su abuelo

Katia baila para su abuelo

venas de mis abuelos, yo estaba destinada participar en una rebelión o convertirse en una decente, tal vez, una gran oradora. En cualquier caso, estaba condenada a ser terca como el burro proverbial.

A partir de la semana pasada, sólo tengo a una abuela en este mundo. Los otros tres ya han dejado este mundo para el mundo de los espíritus. Aunque me da vergüenza admitirlo, me tomó treinta años para darme cuenta de lo mucho sus culturas, sus vidas, sus esencias, me han formado en la mujer que soy hoy en día. Los abuelos tienen el extraordinario potencial de amar a un niño en un magnífico ser humano. Mis abuelos no eran pecadores ni santos, pero yo sabía que era amada y, a su vez, aprendí a amar.

Cuando tenía 14 años, me fui a vivir con mis abuelos de herencia irlandesa. Cuarenta libras sobrepeso debido a la prednisona, recuperándome de la fiebre reumática y con las articulaciones tan grandes y rojos como la nariz de borracho, me fue a vivir con ellos por meses a la vez. Junior High puede ser brutal para todos los adolescentes, sin hablar de los que son simplemente diferentes. El círculo de comadres de mi abuela se convirtió en mi propio grupo de apoyo. Debido a su dura crianza como hija de inmigrantes en Detroit, mi abuela era una mujer complicada y nunca me dejo olvidar de que la vida no siempre es justa.

Sin embargo, ella me amaba de una manera única, de una manera que solo una abuela “del viejo continente” podría. Mi cabello feo y crespo era mágico según a ella y jamás debería ser cortado. Plancha la ropa interior para la suerte. San Rafael nunca falla en los momentos de la amistad y el amor verdadero. Ella me enseñó a bailar, reír hasta que duela, querer a los animales, el arte de la amistad, el poder de la familia y me dio confianza en mí misma y mi inteligencia innata. Todavía me sorprendo cuando salen las malas palabras de mi boca que aprendí de ella.

Dos días después de que ella se murió, mi reloj se detuvo en la fecha y la hora aproximada de su muerte. Por los primeros días pensé que era loca. Aun no sé si era coincidencia o no.

Hace diez (diez?!) años, cuando mi abuelo mexicano falleció de cáncer, mi padre recogió mi hermana y yo en el aeropuerto. Luis Miguel estaba cantando “Yo soy Mexicano”, la canción de Pedro Infante, el artista favorito de mi Abuelo Che. Nos quedamos destrozadas por días. Sin embargo, no fue hasta años después del velorio y del entierro que empecé a ver los partes de mi Abuelo Che a través de un lente diferente.

La manera en que devoro un libro tras otro en los dos idiomas como él lo hacía, las cartas larguísimas que me escribía cada la semana cuando estaba muy enferma, cuando me sostendría sobre sus piernas diciéndome Pochita y riéndose a sí mismo.

Nunca fallo en preguntarme ¿cómo está el gabacho? (refiriéndose a mi padre) y el fuerte deseo, casi instintivo de regresar a su México lindo y querido se quedo conmigo.

Su sentido de la igualdad y la justicia era tan esencial para el que mi Abuelo estaba dispuesto a pagar el precio, en algunos casos, un precio especialmente alto. Cuando leí sobre los asesinatos en masa de los estudiantes normalistas en Guerrero, México, yo quería escribirle (porque llamarle no era suficiente igualitario para él) y preguntarle qué tipo de Dios permitiría que esto suceda. Sé que recibiría una respuesta escrita a mano, tamaño de una tesis en el correo y de alguna manera, la carta haría un poco más sentido de esta locura.

Aunque Halloween está aumentando en popularidad en México, Día de los Muertos sigue siendo una tradicional sagrada y hermosa. Las familias se reúnen en el cementerio, con las cosas favoritas de sus seres queridos fallecidos, junto con comida y bebida para toda la familia para celebrar las vidas de sus difuntos. A menudo, las familias duermen en los cementerios durante la noche. Los cuerpos de nuestros seres queridos están dormidos, pero sus espíritus e influencias se quedan con nosotros hasta que nos encontremos de nuevo.

 

Este año, cuando mis amigos me preguntan lo que voy a hacer para Halloween, les digo, con una sonrisa astuta, “No lo sé.” Sin embargo, el 1 de noviembre, voy a poner un altar a mis tres abuelos tan queridos, escuchar a su música, disfrutar de sus fotos, comer su comida, y ponerme los fabulosos zapatos con cordones de los años cuarenta de mi abuela.

Gramps, Abuelo Che, Patsy, hasta que nos encontremos de nuevo, Slainte y Salud!