cultureCuando tenía 20 años, mi padre trajo a casa una caja de la casa de sus papas irlandeses-americanos. “Aquí está el chal de la boda de la abuela O’Connor.  Lo tenía tintado negro.-Bridget”  La caja cubierta en polvo con su antiguo chal de casamiento enfureció a mi madre. “¡Hasta aquí con ustedes! Dáselo a tus hijos. ¿Qué onda con la familia de tu padre y la tristeza?!”

Sentada y sola con la caja en mis manos, me di cuenta de que ella tenía la razón: el lado irlandés de la familia solía ser más feliz cuando habían problemas, parecía estar en sus mejores condiciones durante los momentos más angustiosos.

De hecho, como la emo adolescente que era, a menudo quería decirle al consejero de la prepa que probablemente sería mejor como una cantante de corridos, boxeadora, religiosa o escritora dado mi entorno y antecedentes genéticos.

Crecer en mi familia fue a menudo caos organizado y ahora me doy cuenta, en parte, por qué: Las dos culturas que me rodeaban vieron la vida de una manera diferente que la otra pero a la vez mucho más parecida que a la cultura estadounidense.

Mientras que la familia de mi padre usaría el eufemismo ” la felicidad irlandesa” filosóficamente para las personas que se encontraban muy tristes, la familia de mi mama hablaría con orgullo sobre  los “tíos” distantes que nunca dejan que la vida les dé un bajón, pero de una manera extraña, siempre se los veían en la cantina o llorando en la iglesia. Sin embargo, no importa de qué lado de la familia sea, la depresión no afectó a mi familia. Según a la familia entera, solo los estadounidenses, ellos se deprimen, nosotros no.

Durante mis primeros años durante la década de los veinte, la JRA me golpeó como si fuera un coche parado en una vía de ferrocarril. Hasta hace dos años, ningún fármaco ni doctor me podía ayudar. Después de un reemplazo de cadera, una “cara de prednisona” y un diagnóstico de inmunodeficiencia que podría poner mi vida en riesgo, yo estaba en un lugar bastante desagradable. Claro, por cualquiera medida, tenía una buena razón para estar triste: la vida no había ido transcurriendo como yo quisiera, pero ¿estaba yo  deprimida? Según a yo, por supuesto que no!

Aún creo que a diferencia de la mayoría de la sociedad estadounidense, muchas subculturas étnicas no reconocen la depresión como una condición médica. Año tras año, escondí mis sentimientos más difíciles, de mi familia y de mis amigos cercanos. La mayoría de mis abuelos se convirtieron en grandes personas sólo con un sueño y “$ 9.87” en sus bolsillos. (No sé por qué, pero de acuerdo con la leyenda familiar, todos ellos empezaron con esa cantidad exacta). ¡Para que me quejo?

No fue hasta que conocí a otra persona con JRA de mi edad, un hombre joven que había perdido la vista, que me di cuenta de lo que estaba pasando: una serie de dificultades inesperadas y a veces acontecimientos que cambian la vida, pueden hacer que su cerebro caiga en el círculo vicioso de la desesperación o, en otras palabras, la depresión. A diferencia de la tristeza, la depresión es química y necesita ayuda médica.

Hasta la fecha, ésta artículo  es la cosa más difícil que he escrito, incluso que he admitido públicamente. Sin embargo, si tengo que ser el primer ejemplo, lo haré, perdí un compromiso de matrimonio debido a la depresión pero por suerte no mi vida. Nuestras comunidades étnicas, especialmente las familias con seres queridos enfermos, tienen que entender la realidad de la depresión como un problema médico o de lo contrario vamos a perder vidas!

Así que, si te encuentras continuamente escuchando “Canciones pa’ pistear” en Pandora o te identificas con la gente que ve  “Mujer, Casos de la Vida Real” en lugar de reírte, apaga la tele y empieza a marca a alguien en tu celular, un amigo cercano, alguien de confianza, o por lo menos un hotline para hablar.  Te lo prometo, tu vida va a mejorar.

Tu amigaza,

Katiuska