Todavía me acuerdo las viejitas en la cocina susurrando ese día.  Aunque solo tenía cinco años, cuando las viejitas se juntaban a conversar,  mi primo y yo siempre nos acercábamos para espiar.   Carmen, la mujer que era mi bisabuela por poder, tenía una olla de pozole cocinadose y se sentó a chupar un hueso.

Justo cuando sentí el codazo de mi primo, mi mama empezó a llorar.   Mamá Carmen escupió el hueso y la abrazo firme. “Susy, mija, tres cosas: Jamás vas a llegar a mi edad si lloras a cada ratito.  Ser mama es una bendición pero los hijos te van a hacer sufrir. ! Tienes que ser fuerte! Segundo, la última vez que te vi en la cocina ya ni me acuerdo. Y eso de la niña, parece que alguien le hubiera echado “mal de ojo.”

¿Mal de ojo? Mi primo y yo nos escapamos al sótano para averiguar cuál fue el problema con mis ojos. Después de unos dos minutos, entró mi hermana vestida como Leonardo de los Tortugas Ninja y nos olvidamos de todo.

Cuando tenía cinco años, el dolor en mis rodillas me despertaba por las noches.  Unos años después, me diagnosticaron con  artritis reumatoide juvenil. Durante mi niñez y
adolescencia, mis papás tomaron la decisión de ir con los mejores médicos y pagar por los últimos tratamientos.  Sin embargo, el resto de la familia y un montón de amigos familiares tenían otras ideas.

Nopales! Dele una taza de nopales picados cada noche

Conozco a un curandero bueno y respetado ahí por donde vivo. Le debo a Don Chava mi matrimonio y la vida de mi tía.

¡Ya sé! Llévala con el Padre Tomas él sabe de todo.

Picaduras de abejas. El señor estudió en China y cobra mucho menos que el doctor.

Ésas sugerencias son exactamente eso: dadas en buena onda, para mi bien y el bien de mi familia. Mis tías y abuelos de los dos lados de mi familia me rezaban, haciéndome sentir un poco más especial a los demás niños. Desde muy pequeña, tal vez debido a eso, he tenido un fuerte sentido de espiritualidad.

Sin embargo, después de casi 15 años con artritis reumatoide juvenil tengo una alergia fea a comentarios no solicitados, especialmente si sale de una boca de un conocido. Escribo los mejores (o peores, como los veas) comentarios en un librito. En marzo, tuve que pedir  permiso de mi supervisor para ir al reumatólogo. Aunque me dio el permiso, me regañó gacho. Según a él, si sólo tomara vitaminas y esencias de coco, no estaría en “malas condiciones.”  No tengo que contarles que ya no trabajo ahí.

Recibir sugerencias no solicitadas no es un problema latino sino un problema para toda nuestra comunidad.  Tratar y manejar artritis reumatoide es como una buena receta familiar: tiene las tradiciones pero tú tienes que darle tu propio toque para que quede rico.  Si una combinación de nopales, jugar a Tortugas Ninja, ir con el padrecito y Remicade te ayudan mantener la cordura, adelante. Si la prednisona y el metotrexato te hacen más daño que bien, piensa en tu propia receta.  El chiste es que sólo tú y tus seres queridos saben lo que te conviene.

Tu amiga,

Katiuska