Cada vez que voy a la tienda, el metiche sale de mí. Desde que tenía cuatro años, mientras esperaba en  línea en el carrito, leía acerca de los bebés extraterrestres en los tabloides.  Le
preguntaba a mi mamá por días después sobre que les pasaría a ellos.

Avance 25 años después. Agosto de 2014. Entre los informes de cirugías plásticas de Bruce Jenner, los varios Kardashians y su comportamiento disparatado y varias exclusivas sobre divorcios famosos, un pequeño rincón de la revista People me llamó la atención no por curiosidad morbosa o repulsión, sino por una mujer irreverente y calva con un brillo en los ojos.

A primera vista, la mujer destacada, Diem Brown, de fama MTV Real World y yo tengo muy poco en común. Diem, atlética, rubia bronceada estrella de la televisión y yo, una pálida velluda amante de los libros quien jugó un deporte de equipo por última vez en séptimo grado pues uno suele pensar que no tendríamos mucho de qué hablar.

Sin embargo, al leer más acerca de ella fuera de los confines limitados de la prensa rosa, la voluntad de Diem de hablar muy abiertamente sobre su lucha de diez años contra el cáncer crónico y sus efectos sobre su vida personal y profesional es inigualable por cualquier otra persona en el ojo público. En un mundo donde las celebridades son manejados por empresas de relaciones públicas almidonadas y desinfectados, la mayoría de veces en lugar de la participación en la lucha contra una enfermedad de alguien en el ojo público, el público no se da cuenta de que muchas celebridades tienen una enfermedad grave hasta que trágicamente escuchamos de su fallecimiento en la CNN a la espera de un vuelo.

Cuando comencé a leer su blog, me di cuenta de la valentía que le costó en romper con las filas de Hollywood, diciendo la verdad real y a veces, crudamente dolorosa.

Bauticé a Diem mi alma gemelo. Aunque ella sí hizo sesiones fotográficas prescritas, comunicados de prensa, y posó junta con las estrellas, ella abrió las puertas de su vida.  Diem habló acerca de la angustia de perder su carrera, de su depresión insoportable cuando su cáncer regresó para la segunda y luego por tercera vez, y de su deseo de tener un compañero en la vida. A pesar de estos desafíos, su sincera voluntad de seguir adelante y mantener realmente autentica, en mi humilde opinión, la separaba de la multitud de pacientes realizadas en marcas para la recaudación de fondos.

En particular, su artículo en la defensa de su deseo de ser madre me conmovió mucho. Mi deseo para mi propia familia paralela mucho al viaje de Diem: Queríamos desarrollar plenamente como individuos con el fin de darnos completamente a nuestras familias llegando a los 28 o 29. Durante este viaje, sin embargo, Diem perdió su capacidad de concebir y dar a luz a un hijo, pero elocuentemente defendió, y con razón, sus deseos para formar una familia.

Aunque no puedo decir que conozco el dolor de la infertilidad, muchas mujeres jóvenes con discapacidades pasan por el dolor de la infertilidad secundaria. Sin importar si esta debido a una gran dificultad de poder cuidar físicamente o financieramente a un hijo o debido al hecho que muchas han pasado una gran parte de su juventud en hospitales, la pérdida existe.

La maternidad y la familia en general, es el elemento básico de la cultura mexicana. Irónicamente, a diferencia de la mayoría de mis amigas gringa quienes empezaron a buscar un compañero en la universidad, yo flagrantemente ignoraba la presión cultural durante los primeros años de mi segunda década  para casarse en dos ocasiones. Aunque no me arrepiento para nada de mis decisiones, cuando nos acercamos a la celebración de la Virgen de Guadalupe, una vez más me acuerdo de lo mucho que mi familia ha apoyado, ha luchado por mí cuando no he podido y nunca me ha dejado hacer excusas.

La impresionante estrella de televisión y este estudiante nerd con un pase por vida para depilación facial hubieran sidas fabulosas amigas por noches de unas copas de tequila.

Mi alma gemelo, la hermosa señorita Diem Brown, se fue de este mundo el 14 de noviembre. En su nombre,  únanse a mí en un reto de encontrar una manera, aunque sea un poco unortodoxo, para lograr un cambio positivo y ocasionar alegría en tu vida.